26 de mayo de 2015

TOMAR DECISIONES

Bertha Vasconcelos
www.psicologiaycoaching.com


Hace aproximadamente un mes leí un artículo titulado 4 Maneras de Tomar Mejores Decisiones. Se me hizo interesante y aquí incluiré esas cuatro maneras además de mis propias estrategias.

Antes de empezar, quisiera asegurarles a los lectores que TODOS hemos tomado malas decisiones en nuestras vidas. Dicen “mal de muchos, consuelo de tontos,” pero no es así. Saber que todos lo hemos pasado nos ayuda a sentirnos normales y no fenómenos cargando con vergüenza inútil. Deseo que las personas dejen de lamentarse o sentirse mal por las decisiones que tomaron las cuales consideran erróneas. Aun no conozco a una persona que no cometa errores. Sin embargo, en mi opinión coincido con otros autores como Elisabeth Kubbler-Ross (madre de la Tanatología), que afirma que no hay errores, solamente son oportunidades de aprendizaje. Y yo llegué a la conclusión que todo en la vida son solo experiencias que representan oportunidades para aprender algo. Martirizarse por las malas elecciones o decisiones que hemos tomado, únicamente hace que una persona se sienta mal consigo misma y/o con los demás.   

Para empezar, sugiero que esos errores que cometiste y ves “horribles,” los transformes en simples experiencias de vida y hagas una reflexión profunda y sincera de todo lo que aprendiste de ellas. Porque es muy fácil darse cuenta en el momento presente sobre lo que debiste hacer diferente, pero ¿cómo aprendiste si no lo experimentaste? Recuerda que esta reflexión actual de una situación del pasado es consecuencia, justamente, de esa experiencia dolorosa, vergonzosa o “terrible” que sucedió. Actuaste desde lo que mejor sabías en ese momento de tu vida.

Si estás de acuerdo conmigo, te recomiendo que desde este momento, te perdones, y arrojes cuanto antes la culpa y vergüenza que puedas sentir a la basura porque son dos sentimientos sumamente dañinos para todo ser humano.

¿Recuerdas la frase que dice: Lo consultaré con la almohada? Resulta que el artículo explica que la primera manera para tomar decisiones radica en la demora. Investigaciones recientes encontraron que aun un pequeño retraso como una fracción de segundo antes de elegir una alternativa, lleva a tomar mejores decisiones, más precisas. Los investigadores de Columbia University Medical Center encontraron que si se toma tiempo antes de elegir, el cerebro puede enfocar su atención en lo más relevante de la información presentada y dejar fuera los distractores irrelevantes. Por ello sugieren que, en lugar de trabajar más en una decisión, se le permita al cerebro posponer la decisión a fin de ser tomada en un tiempo más propicio. Así que consultarlo con la almohada y pensar mejor antes de elegir, nos lleva a tomar mejores decisiones.

La segunda manera se basa en un estudio en la Universidad de Toronto, donde encontraron que las personas con altos niveles de inteligencia emocional tomaron mejores decisiones que los de bajos niveles de EQ debido a que estos últimos permitieron que la ansiedad sobre otros asuntos en sus vidas, influyeran en sus decisiones actuales. Las personas continuamente toman decisiones bajo la influencia de emociones intensas que no tienen que ver con las decisiones que están tomando. Los investigadores encontraron que si las personas se hacen conscientes de la ansiedad o emociones que no están relacionadas al caso, podrán tomar mejores decisiones. De esa manera podrán demorar la decisión cuando sean capaces de enfocarse en el tema o al menos únicamente en las emociones que están relacionadas a la decisión. Las personas emocionalmente inteligentes no remueven sus emociones del proceso de toma de decisiones, solamente las que no tienen que ver con la decisión.

Siempre he pensado que no debemos tomar decisiones desde el miedo o el enojo. La ansiedad es una emoción irracional producto de intensificar el miedo. Desde miedo al rechazo, abandono o al futuro, hasta ansiedad a terribles situaciones que tal vez nunca sucederán. Por otro lado, el enojo simplemente no permite pensar. Es mejor tranquilizarse primero antes de hacer elecciones. El rencor es una de las manifestaciones del enojo, por lo que tampoco se tomarán buenas decisiones desde el resentimiento.  

Cuando ayudo a las personas en un proceso de toma de decisiones, les recuerdo que deben incorporar las emociones que intervienen y/o se producirán como consecuencia de tomar una decisión. Porque usualmente no lo hacemos. La mayoría de las veces, solo vemos las consecuencias y emociones positivas, pero no las consecuencias emocionales negativas. Antes de tomar una decisión, piensa: ¿Sentiré culpa, tristeza, vergüenza, miedo, frustración? ¿Pasaré por un duelo? ¿Por cuánto tiempo? ¿Se afectará mi relación con los demás? ¿Con quiénes?

Sigamos con la tercera. Los investigadores encontraron que el estrés afecta negativamente la toma de decisiones. En situaciones estresantes las personas tienden a enfocarse en los aspectos positivos más que en los negativos. Ponen de ejemplo cuando alguien debe valorar una oferta de trabajo bajo estrés, porque debe responder pronto. Podría enfocarse en la compensación y otros beneficios, pero pensará menos en que dedicará más horas y en el largo tiempo que le llevará transportarse al lugar. Por ello, se sugiere mantener los niveles de estrés manejables o calmarse antes de tomar la decisión, y no dejar fuera las posibles consecuencias negativas.

La cuarta se refiere a los problemas personales, familiares o conyugales, porque las emociones definitivamente interfieren en el juicio. La ayuda de amigos o externos puedes ayudarles a poner distancia de su situación, como si fueran testigos, y ello coadyuva a tomar decisiones más sabias.

Por otro lado, se ha descubierto que los atajos mentales que el cerebro ha aprendido conduce a errores y malas decisiones. Aprendemos a hacer juicios y continuamos tomando decisiones bajo esos juicios que pueden ser equivocados o insuficientes.

Si bien, no podemos pasarnos horas ni años para tomar una decisión, si podemos realizar un proceso completo de toma de decisiones al contemplar varias alternativas, sus riesgos, ventajas, desventajas, consecuencias en sí mismo o en otros, incluyendo las emocionales. Este es la manera de aprender el proceso de decidir y nos lleva a tomar mejores decisiones, sobre todo más sabias.

Antes de tomar una decisión trascendental:

  1. Tómate tiempo antes de decidir. Piensa antes de hablar o responder.
  2. Saca del proceso de decisión, las emociones que no están relacionadas con el asunto. Pero incluye las que si lo están.
  3. Tranquilízate antes de tomar la decisión.
  4. Pregunta a amigos inteligentes y conscientes que harían.
  5. Realiza un proceso completo: Genera varias alternativas, evalúa ventajas y desventajas, riesgos, y valora las consecuencias positivas y negativas, también emocionales, y no olvides, pensar en las consecuencias en los demás.  
  6. No uses atajos mentales, como has hecho hasta ahora.

Lo que a mí me ha funcionado mejor, después de evaluar pros y contras, consecuencias, etc., es tomar una decisión hasta sentir completa seguridad que es la mejor alternativa de acción; cuando dudamos, es mejor no tomar la decisión, ya sea porque no es la mejor, o aun no es el momento propicio.

Con el deseo de que tomes mejores decisiones sin vacilar ni perjudicar a nadie de manera innecesaria.  

Referencia:
http://psychology.about.com/od/problemsolving/ss/4-Things-You-Can-Do-to-Make-Better-Decisions

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