31 de marzo de 2010

EL AUTOSABOTAJE PRIMERA PARTE

Este tema del comportamiento humano es mucho más importante y complejo de lo que la persona promedio podría pensar. Todos los seres humanos, sin darnos cuenta, boicoteamos con frecuencia nuestros mejores esfuerzos y el logro de nuestras metas o sueños. El auto-sabotaje es universal, y conlleva patrones repetitivos hasta que no son descubiertos. No cabe duda que la vida sería más fácil y placentera si nos diéramos cuenta cuando entra en acción. A continuación expondré algunas situaciones muy comunes que servirán para ejemplificar las diversas formas con las cuales las personas tendemos a sabotearnos.

La Profecía Autorrealizada es un término que acuñó el psicólogo Martin Seligman para explicar el hecho de que las personas interpretamos y reaccionamos de determinada manera a los eventos, lo cual reproducirá en nuestra vida justamente la situación que esperamos. Si somos más optimistas, el resultado será más positivo que de ser pesimistas.

He conversado con personas talentosas y muy valiosas en lo que hacen, que se desvalorizan porque uno de sus usuarios ha sido difícil de complacer o alguna persona les ha criticado por lo que hacen. Debido a que esta experiencia les ha generado estrés o se han sentido vulnerables, tienden a generalizar su decepción a todo aquello que abarca su ocupación o trabajo. A fin de evitar que se boicoteen, les explico que el hecho de que una o dos personas les “pongan el pie,” no significa que no sean buenas en lo que hacen, por lo que dudar de sus propias capacidades y talentos por este tipo de incidentes no les beneficiará en absoluto. Si por el contrario, toman esta desagradable experiencia como un aprendizaje y la analizan podrán enriquecer su proceso de crecimiento. Todas las ocupaciones conllevan actividades o tareas que pueden resultar aburridas, desafiantes o “latosas.” Son parte de la vida laboral, por lo que no se pueden rehuir si deseamos progresar o continuar creciendo en nuestro trabajo, profesión o vida en general. Inclusive, pueden involucrar el enfrentar colegas, jefes o clientes desagradables y demandantes. Evitar constantemente este tipo de tareas o personas puede conducirnos al aislamiento, y sucesivamente al fracaso, así como refuerzan la falta de confianza en sí mismo, el miedo (al éxito, rechazo, fracaso) o la auto-devaluación, mismos que a la vez podrían ser formas disfrazadas de auto-sabotaje, porque impiden que una persona desarrolle nuevas habilidades para enfrentar la vida y triunfar en lo que se proponga.

Algunas personas eligen sentirse víctimas de las circunstancias (especialmente de su niñez), y otras más rehuirán comprometerse. El problema es que, tarde o temprano, la vida les dará una fuerte bofetada que las obligará a abrir los ojos y pisar la tierra, aunque hay quienes que, a pesar de estas oportunidades de aprendizaje persisten en fantasear y no soltar el rol que han elegido desempeñar. El sentirse víctima puede provocar que las demás personas lleguen a evitarlas, o aun, a retirarles su ayuda. Los que no se comprometen, tienden a huir y pueden “aburrirse” fácilmente, por lo que desisten ante los primeros obstáculos con los que tropiecen o cuando entran en procesos que toquen fibras internas dolorosas.

Las personas que tienen problemas de autoridad no resueltos o poca tolerancia a la frustración se predisponen al auto-sabotaje, por que albergan ira o resentimientos que minan sus relaciones interpersonales, al formarse expectativas poco realistas de los demás, o bien, constantemente se oponen y rebelan ante lo que consideran normas sociales o figuras de autoridad.

La falta de perseverancia o disciplina son otros factores que favorecen el auto-sabotaje. Podría ser que acudan al médico, tomen cursos, terapia o algunas sesiones de coaching, leen libros que les ayudan, pero debido a que no se adhieren a su tratamiento, o no aplican de manera sistemática y continua lo que aprendieron, no ven los resultados inmediatos y culpan de no servir al médico, libro, coach, terapeuta, la técnica o al curso. Hoy en día las personas quieren recetas y técnicas que les brinden resultados inmediatos y mágicos. La mayor parte de las cosas que valen la pena en esta vida involucran un proceso, el cual requiere esfuerzo interno y un periodo de tiempo razonable para que se comiencen a ver los resultados. El pensamiento mágico del infante impera en los adultos contemporáneos. No hay nada mágico. No existe nada que nos haga cambiar internamente de la noche a la mañana. Ahora bien, sabemos que es de adentro hacia fuera, por lo que la rapidez con la que se vean resultados tangibles, dependerá en gran medida de la persona misma, de su motivación, esfuerzos y acciones para lograr lo que se propone.

Derechos Reservados © Bertha García Vasconcelos.

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