¿POR QUE ES TAN DIFÍCIL MANEJAR EL ENOJO?*

Pero para
hablar del enojo, es necesario distinguirlo de la hostilidad. El primero es una
emoción humana natural y normal, denominada negativa porque no es agradable
sentirla. El enojo es útil porque nos previene de algún daño o peligro y detona
nuestra conducta de defensa; por ello, es común que se acompañe de angustia o
miedo. Por otro lado, la hostilidad se refiere a conductas como gritar,
insultar, amenazar, golpear o arrojar algún objeto. Esto quiere decir que
enojarse y ser hostil son dos cosas muy diferentes. Enojarse no es malo; el
problema surge de la forma en que lo manejamos, y de si perdemos el control y
permitimos que se convierta en hostilidad, agravando la situación. Debido a la
confusión que existe entre una y otra, el enojo se ha estigmatizado y
satanizado, originando problemas psicológicos o conflictos irreconciliables
dentro de las relaciones interpersonales.
Algunas
personas aprendieron a reprimir sus emociones (pareciera que no sienten) y
otras a encolerizarse fácilmente. Quienes demuestran su ira gritando nos están
informando que uno de sus padres le gritaba de manera similar. Y las que se
reprimen, suelen ser hijos de personas que se tragaban su enojo, con el riesgo
de que eventualmente saliera de manera inesperada e intempestiva, como
hostilidad o sarcasmo. Hay quienes creen que es muy difícil lidiar con el enojo
de los demás porque ellas “nunca” se enojan; pero el no reconocer la emoción en
sí mismas no significa que no la experimenten. En todo caso, aprendimos a
manejar el enojo de la misma manera que nuestros padres manejaban el propio.
La ira
también puede sentirse como depresión y culpa, ya que estas son el resultado de
dirigir dicha emoción hacia uno mismo. Así que, cuando nos sentimos abatidos o
culpables después de un incidente desagradable con alguien, podría ser un
indicador de que, debajo de esos sentimientos, realmente estamos enojados.
Incluso a
nivel social existen diferencias de género. En nuestra sociedad a las mujeres
no se les ha permitido expresar su enojo libremente, y aquellas que lo llegan a
demostrar lo hacen a veces de manera hostil o perdiendo el control. La mujer ha
aprendido a reaccionar de forma pasiva, tragándose su malestar o recurriendo a
la agresividad pasiva. Por el contrario, los hombres en Latinoamérica han
expresado abiertamente su ira como hostilidad o de manera pasiva (sarcasmo e
ironía) sin ser reprendidos socialmente. En México los hombres pueden gritar y
golpear; las mujeres deben sonreír y ser sumisas. Así fue como aprendimos a
negar y a reprimir nuestro enojo.
Reprimir
el enojo por miedo a las consecuencias que pueda tener en las demás personas no
es una vía apropiada, aunque parezca que ayuda a mantener la armonía en un
vínculo. El no demostrar lo que realmente sentimos hacia un ser querido
afectará la relación a la larga, porque impide comunicarle información importante
para conservar la salud del lazo afectivo. Paradójicamente, las explosiones de
ira se originan principalmente de un control excesivo del enojo. Mientras más
lo reprimamos, más tensión se acumulará y tenderemos a explotar de repente,
porque este requerirá expresarse y salir por algún lado. A veces nos
sorprendemos de nosotros mismos o de otras personas por una reacción abrupta.
La incapacidad de expresar el enojo asertivamente provoca frustración,
insatisfacción y sentimientos de inadecuación que conducen a la agresión o al
autosabotaje.
Aprender
a manejar el enojo y el conflicto de manera constructiva ayudará a fortalecer
nuestras relaciones y a conservar nuestra salud. El primer paso consiste en
aceptar que estamos enojados y no negarlo, y el siguiente es expresarlo de
manera apropiada y asertiva.
Bibliografía:
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