¿POR QUE ES TAN DIFÍCIL MANEJAR EL ENOJO?*


Por Bertha Vasconcelos

El enojo es una de las emociones que resulta más difícil de gestionar porque crecimos con la creencia de que no debemos enojarnos. Los seres humanos aprendimos desde muy pequeños que expresar lo que sentíamos era “malo”, por lo que no estaba permitido molestarse. Seguramente se nos decía que no lloráramos o que no hiciéramos berrinches. Sucedía que, en el fondo, nuestros padres se sentían amenazados o ansiosos sin saber qué hacer ante la expresión natural y primitiva de nuestras emociones. Al no haber aprendido a distinguir sus propios estados internos, no se daban cuenta de que debajo de la ira que les provocaban nuestros gritos y sollozos, tal vez se escondía algo de miedo. Por otro lado, los niños son muy susceptibles a los cambios en el estado de ánimo de sus padres y hermanos, por lo que las expresiones hostiles o las explosiones impredecibles les generan temor o ansiedad, asociando estas vivencias con el enojo hasta su vida adulta.

Pero para hablar del enojo, es necesario distinguirlo de la hostilidad. El primero es una emoción humana natural y normal, denominada negativa porque no es agradable sentirla. El enojo es útil porque nos previene de algún daño o peligro y detona nuestra conducta de defensa; por ello, es común que se acompañe de angustia o miedo. Por otro lado, la hostilidad se refiere a conductas como gritar, insultar, amenazar, golpear o arrojar algún objeto. Esto quiere decir que enojarse y ser hostil son dos cosas muy diferentes. Enojarse no es malo; el problema surge de la forma en que lo manejamos, y de si perdemos el control y permitimos que se convierta en hostilidad, agravando la situación. Debido a la confusión que existe entre una y otra, el enojo se ha estigmatizado y satanizado, originando problemas psicológicos o conflictos irreconciliables dentro de las relaciones interpersonales.

Algunas personas aprendieron a reprimir sus emociones (pareciera que no sienten) y otras a encolerizarse fácilmente. Quienes demuestran su ira gritando nos están informando que uno de sus padres le gritaba de manera similar. Y las que se reprimen, suelen ser hijos de personas que se tragaban su enojo, con el riesgo de que eventualmente saliera de manera inesperada e intempestiva, como hostilidad o sarcasmo. Hay quienes creen que es muy difícil lidiar con el enojo de los demás porque ellas “nunca” se enojan; pero el no reconocer la emoción en sí mismas no significa que no la experimenten. En todo caso, aprendimos a manejar el enojo de la misma manera que nuestros padres manejaban el propio.

La ira también puede sentirse como depresión y culpa, ya que estas son el resultado de dirigir dicha emoción hacia uno mismo. Así que, cuando nos sentimos abatidos o culpables después de un incidente desagradable con alguien, podría ser un indicador de que, debajo de esos sentimientos, realmente estamos enojados.

Incluso a nivel social existen diferencias de género. En nuestra sociedad a las mujeres no se les ha permitido expresar su enojo libremente, y aquellas que lo llegan a demostrar lo hacen a veces de manera hostil o perdiendo el control. La mujer ha aprendido a reaccionar de forma pasiva, tragándose su malestar o recurriendo a la agresividad pasiva. Por el contrario, los hombres en Latinoamérica han expresado abiertamente su ira como hostilidad o de manera pasiva (sarcasmo e ironía) sin ser reprendidos socialmente. En México los hombres pueden gritar y golpear; las mujeres deben sonreír y ser sumisas. Así fue como aprendimos a negar y a reprimir nuestro enojo.

Reprimir el enojo por miedo a las consecuencias que pueda tener en las demás personas no es una vía apropiada, aunque parezca que ayuda a mantener la armonía en un vínculo. El no demostrar lo que realmente sentimos hacia un ser querido afectará la relación a la larga, porque impide comunicarle información importante para conservar la salud del lazo afectivo. Paradójicamente, las explosiones de ira se originan principalmente de un control excesivo del enojo. Mientras más lo reprimamos, más tensión se acumulará y tenderemos a explotar de repente, porque este requerirá expresarse y salir por algún lado. A veces nos sorprendemos de nosotros mismos o de otras personas por una reacción abrupta. La incapacidad de expresar el enojo asertivamente provoca frustración, insatisfacción y sentimientos de inadecuación que conducen a la agresión o al autosabotaje.

Aprender a manejar el enojo y el conflicto de manera constructiva ayudará a fortalecer nuestras relaciones y a conservar nuestra salud. El primer paso consiste en aceptar que estamos enojados y no negarlo, y el siguiente es expresarlo de manera apropiada y asertiva.

Bibliografía: 

Vasconcelos, Bertha. Manejo de Emociones en la Mujer. Trillas; 2013. 
Extracto de los artículos publicados por la Lic. Bertha G. Vasconcelos en la Gaceta Ziua intitulados "Manejo de Emociones 1a y 2a parte".

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