Por Bertha Vasconcelos
Haces una invitación y tu amiga llega tarde, vestida inapropiadamente y además se va temprano. O evita interrelacionarse con las demás invitadas, usa de pretexto una dolencia física, para excusar su actitud defensiva o su mal humor. Para ti es evidente. Ella no actúa de manera normal, te sientes incómoda pero te aguantas. Entre las amigas hay reglas tácitas no escritas que han sido impuestas como una norma de convivencia. Tu amiga cruzó el límite.
El anterior es un ejemplo común de una situación en la cual las amigas cruzan los límites, pero hay miles de ejemplos con la pareja, los padres, los hijos, el jefe o los colegas donde la violación de límites es evidente. Todas nuestras relaciones interpersonales corren el mismo riesgo, con frecuencia, nuestros seres más queridos son los primeros en violar nuestros límites psicológicos.
El costo de no escucharnos
En ocasiones, hemos antepuesto las necesidades de los demás a las propias porque así lo decidimos o nos conviene. Sin embargo, existen otras circunstancias en las cuales cedemos porque nos sentimos obligados o no nos escuchamos primero. Usualmente las demandas de los demás nos toman por sorpresa. Al sorprendernos, no supimos qué decir y contestamos lo primero que vino a nuestra mente sin antes reflexionarlo. Con frecuencia sale un SI forzado, no sentido, obligado. Además, nuestra lista de pendientes crecerá, generando mayor estrés porque no supimos decir NO de una manera elegante y sutil.
¿Cómo podrías darte cuenta que has antepuesto las necesidades de los demás a las tuyas? Porque después de hacerlo te sientes mal contigo mismo. Cuando relegas al final tus propias necesidades, aparecen sentimientos de inseguridad, duda, cansancio o ansiedad. Hay un desequilibrio en tu sistema: das demasiado de ti porque tal vez se trata de una persona que te intoxica o te explota.
En busca del equilibrio
Tampoco se trata de ser egoísta o de caer en la falta de generosidad basada en el individualismo extremo. Se trata de que pienses mejor lo que respondes y haces. Es el momento de aprender a establecer límites y decir NO, manteniendo la armonía.
Algunas formas sutiles de lograrlo son:
Para ganar tiempo: "Déjame revisar mi agenda y te confirmo mañana; no quiero comprometerme a algo que no pueda cumplir."
Con alternativa: "Me encantaría ayudarte, pero hoy mi prioridad es [...]. ¿Te sirve si lo revisamos el jueves?"
Por autocuidado: "Gracias por pensar en mí, pero esta vez necesito un tiempo de descanso personal. ¡Espero que se diviertan!"
Conclusión
No te sientas mal por haber cedido tu poder a otros en el pasado. A todos nos ha sucedido; mejor toma la experiencia como aprendizaje. Establecer estos límites no requiere de confrontaciones; se trata de aprender un nuevo lenguaje de auto respeto que valida al otro pero protege tu espacio.
Buscar el equilibrio es aconsejable; los extremos no son deseables. Pondera la situación y decide lo mejor, pero escúchate primero. Si tus límites en todas tus relaciones están delimitados, no tendrás mayor problema. Si aún no los fijas, hazlo cuanto antes.
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