QUE ES LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN Y COMO LOGRARLA (PRIMERA PARTE)




Por Bertha Vasconcelos

Cuando las expectativas desafían la realidad

José Miguel y María Elena son dos profesionistas inteligentes y preparados que, en sus respectivos trabajos, se encuentran ante una situación que les ha producido un gran estrés: existe más de una alternativa de resolución y, además, un claro conflicto de intereses. A ambos se les han ocurrido soluciones que consideran ventajosas para sí mismos y las han presentado sin consultar previamente a las otras personas involucradas. Sin embargo, los demás aceptan solamente una parte de las propuestas, debido a que no les convienen por completo. Esto significa que José Miguel y María Elena requerirán negociar una nueva solución que beneficie a todas las partes, y no solamente a ellos.

La vida está llena de situaciones parecidas; son muy comunes y, justamente, son las que más retan nuestra capacidad, estimulando nuestra creatividad e inteligencia. Usualmente, las propuestas o acuerdos que involucran a dos o más personas están sujetos a negociación, y lo normal sería que se llegara a un acuerdo con un enfoque ganar-ganar. Cuando una negociación se acerca, es natural que las personas se sientan ansiosas; sin embargo, José Miguel y María Elena se muestran muy molestos, e incluso parecen ofendidos porque sus soluciones “ideales” fueron rechazadas. Su tono de voz y sus respuestas expresan disgusto durante todo el proceso, colocando a sus interlocutores en una posición incómoda. Estos últimos no comprenden por qué se han molestado tanto, ya que reconocen que todo ser humano tiene derecho a buscar una solución provechosa, siempre y cuando beneficie tanto a sí mismo como a las contrapartes.

Secretamente, ambos detestan que las personas les digan que no y, con frecuencia, sienten que son tratados de manera injusta. Están comenzando a darse cuenta de que últimamente se encuentran muy irritables y poco tolerantes al tratar situaciones problemáticas, así como hacia la gente en general. Su entorno, a su vez, también ha notado que han reaccionado de manera exagerada en varias ocasiones. Podría ser que estén pasando por un periodo de estrés extremo o que padezcan algún trastorno bioquímico de orden temporal, pero también podría tratarse de una característica de su forma de ser. Con el paso del tiempo, estas reacciones podrían exacerbarse al grado de generar un mayor número de fricciones y dificultades interpersonales o laborales.

El origen de la irritabilidad: La perspectiva de Ellis y Beck

Pero, ¿qué es lo que le pasa a las personas que reaccionan como José Miguel o María Elena? El Dr. Albert Ellis, autor de Controle su ira antes de que ella le controle a usted, afirmaba que la baja tolerancia a la frustración es una creencia irracional que se define como la incapacidad para aceptar las situaciones y a las personas como son. Esto ocurre mediante la imposición de la creencia de que las cosas “deben” ser de una determinada manera, poco realista y objetiva; de ahí el adjetivo irracional. Para Ellis, expresiones como “es horrible”, “es terrible”, “es trágico” o “es un desastre” son las palabras que provocan los desequilibrios emocionales, al catastrofizar los eventos que suceden.

Por su parte, el Dr. Aaron Beck también estudió las bases del enojo y la hostilidad, encontrando que el nacimiento de la ira se origina en la frustración de las expectativas y en la decepción de no conseguir lo que se quiere, matizada con tendencias catastróficas y sensaciones de pérdida de poder. Para Beck, los seres humanos retroalimentamos nuestras ideas irracionales una y otra vez porque pensamos que somos víctimas de actos malintencionados por parte de los demás.

El desarrollo de la tolerancia en la infancia

Por otro lado, la baja tolerancia a la frustración en los niños más pequeños es normal, debido a que ellos buscan satisfacer sus necesidades fisiológicas básicas y urgentes, como la alimentación y la comodidad. Conforme crecen, van desarrollando la tolerancia a la frustración al experimentar que no siempre pueden obtener lo que desean, y al mismo tiempo van aprendiendo a satisfacer sus propias necesidades con una mayor autonomía.

El peso de las creencias y la trampa del perfeccionismo

Existen investigaciones que comprueban la teoría del Dr. Ellis, la cual postula que las personas propensas a sentir ira o a reaccionar de manera exagerada interpretan las situaciones de una forma distorsionada, siendo esto lo responsable de mantener su irritabilidad. Para Ellis, estas personas poseen creencias irracionales, reglas rígidas que regulan su vida y expectativas poco realistas. Su teoría establece que hay creencias irracionales centrales que provocan perturbación emocional, tales como la baja tolerancia a la frustración, la catastrofización, las demandas dictatoriales y la exigencia rígida con la cual se autocalifican. Los estudios han encontrado que las personas más propensas a enojarse tienen creencias que reflejan una baja tolerancia a la frustración, la cual está asociada a una falta de gestión para exteriorizar su ira.

Otras investigaciones han hallado que las creencias que demuestran que una persona no tolera fácilmente la frustración se relacionan con problemas emocionales, especialmente tras sufrir pérdidas y durante la etapa de duelo. En estas personas existe una poderosa tendencia a desear controlar los eventos de su vida y de su entorno. Cuando no pueden controlarlos, surge una profunda impotencia y desesperación que se originan en su baja tolerancia a la frustración, junto con sus creencias irracionales acerca de “cómo debería ser la vida”.

Lejos del sano anhelo de la excelencia, la calidad o la mejora continua, en mi opinión, el perfeccionismo es un dictador tirano e implacable que sofoca los sueños, entorpece los esfuerzos mejor intencionados e involucra una esclavitud ante estándares inalcanzables. Los perfeccionistas extremos terminan agotados al final del día en su interminable carrera por no cometer errores, decepcionándose de todas las personas a su alrededor (incluyéndose a sí mismos) “porque no son perfectas como deberían de ser” o “no los tratan como deberían de tratarlos”.

Referencias bibliográficas:
  1. Beck, A. (2003). Prisioneros del Odio. Paidós.
  2. Ellis, A. (2006). El Camino de la Tolerancia. Ediciones Obelisco.
  3. Ellis, A. & Lange, A. (1994). How to Keep People from Pushing Your Buttons. Carol Publishing Group Edition.
  4. Ellis, A. & Tafrate, R. C. (2007). Controle su ira antes de que ella le controle a usted. Paidós.


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