20 de abril de 2016

¡CUIDADO! LA TECNOLOGÍA PUEDE DESTRUIR TUS RELACIONES Parte 2

                                                 LOS PLEITOS POR ESCRITO O TELÉFONO

Por Bertha Vasconcelos

En la primera parte de este artículo escribí acerca de las ventajas y beneficios de las redes sociales en nuestras relaciones interpersonales, pero también de los efectos negativos en la vida cotidiana, y sobre todo en las parejas.  

Ahora, necesitamos recordar que el organismo humano posee un mecanismo fisiológico que se activa de manera automática ante un conflicto o problema con alguien, y nos prepara para enfrentar la situación, ya sea pelear o huir (fight or flight), que equivale a defendernos o evitar la situación o a la(s) persona(s) que nos son amenazadoras. Aunque también existe una tercera opción: congelarnos, es decir, no sabemos qué hacer. 
Imagen: TNrelaciones

¿EVITAS O PELEAS?

Para algunos investigadores, la verdadera causa de los pleitos es el grado en que una persona es controlada por su sistema de respuesta ante el estrés (huir-pelear).

Si elegimos pelear, nos defendemos, podemos ser agresivos, hostiles, atacamos, nos ponemos a la defensiva y ya no escuchamos, alzamos la voz y decimos cosas que realmente no sentimos.

Por el contrario, si la acción activada es huir, evitamos enfrentar, evadimos, callamos, cedemos sin convicción, escapamos de la situación, buscamos alguna sustancia o actividad que alivie el malestar. Por lo que los dispositivos tecnológicos pueden ser utilizados para evadirse y evitar situaciones desagradables. El evitar o evadir puede acumular tensión interior hasta el punto de explotar.

Las conductas de evitación disminuyen la ansiedad a corto plazo, pero desgraciadamente, con el paso del tiempo, la ansiedad se incrementa hasta que pueden provocar ataques de pánico o enfermedades físicas debido a la ansiedad sostenida a largo plazo. 

LO MÁS PERJUDICIAL: LOS PLEITOS POR ESCRITO O TELÉFONO

Recordemos qué es el enojo. Este es una emoción primaria, natural e innata, que recorre una curva ascendente desde la más ligera molestia hasta la furia más intensa. El riesgo es que al llegar a la cima de la curva puede convertirse rápidamente en agresividad hostil y violenta. Quiere decir que el enojo y la violencia son dos cosas diferentes, pero si el enojo no se sabe manejar, una persona enojada puede llegar a ser sumamente violenta. La ira es una emoción que merece nuestra mayor atención.


Es verdad que cuando nos sentimos humillados, traicionados, rechazados, ignorados o tratados injustamente, desearíamos poder decirle a esa “horrible” persona todas las cosas negativas que vienen a nuestra mente. Es necesario aprender a mantener el enojo en su primera fase – molestia-, darse un tiempo fuera, porque si nos rebasa, hablaremos sin pensar. Nuestras palabras saldrán meramente del impulso nocivo, de la emoción sin filtros, sin moderación racional. En una palabra “vomitamos” lo primero que viene a nuestra mente.

Antes de internet, las personas podían escribirse cartas que podían revisar antes de enviar. Cuando empezó el internet, los correos sustituyeron gran parte de las cartas, después vinieron los mensajes de texto, y ahora el WhatsApp, Twitter o Facebook han sustituido todo lo anterior. Ahora las personas ya no toman el tiempo de analizar o pensar mejor lo que escriben. Los reclamos pueden convertirse en largos “chorizos” de palabras repetitivas y huecas, insultos y adjetivos, percepciones equivocadas, meras interpretaciones subjetivas. Un monólogo sin que el otro pueda defenderse. Desahogarse así, sin filtros, por mensaje, puede acabar con muchas relaciones.



El Dr. Marshall Rosenberg, mediador, educador y terapeuta, es especialista en mediación y habilidades de comunicación para resolver conflictos cotidianos sencillos hasta los más complejos de índole internacional. Rosenberg estipula que nuestra comunicación es violenta, por la forma tradicional de dirigirnos a las personas con etiquetas, exigencias y juicios de valor. Afirma que hemos aprendido a poner énfasis en la maldad y defectos de las personas, en lugar de darnos cuenta de lo que estamos sintiendo y necesitando. Produce mentalidad de esclavos, porque comunicamos en términos de bueno o malo, correcto o incorrecto. Nos hace prisioneros de los “deberías” al pensar en términos de juicios moralistas. Según el Dr. Rosenberg, dejaremos de ser esclavos de la sociedad al centrar nuestra mirada en nosotros mismos y no en los demás.

Cuando “vomitamos” lo primero que pasa por nuestros pensamientos, somos violentos. La comunicación violenta intoxica, menoscaba la autoestima, nos hace proclives a la auto-devaluación o devaluar a los demás. Es fundamental al centrar nuestra mirada en nosotros mismos antes de echar en cara al otro los defectos, que percibimos subjetivamente. Los “deberías” que esperamos de ellos, podrían ser los mismos que ellos esperan de nosotros.



La próxima ocasión en que te sientas tentado a responder a un agravio o a iniciar una pelea por un medio electrónico, pregúntate y responde honestamente: 
  • ¿Cuál es la ventaja real de pelearme por WhatsApp?
  • ¿Estoy simplemente descargando mis impulsos o deseo llegar a un acuerdo?
  • ¿Deseo que la persona se sienta mal por lo que hizo o dijo?
  • ¿Qué gano con vomitarle encima lo que pienso?

Lecturas recomendadas:
Beck, Aaron. Prisioneros del odio. Paidós
Beck, Aaron. Con el amor no basta. Paidós
Rosenberg, Marshall. Comunicación no violenta. Gran Aldea Editores
Selye, Hans. La tensión en la vida. Compañía General Fabril Editora

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