CÓMO SANAR LA RELACIÓN CON TUS PADRES

Nunca es tarde para sanar el vínculo con tus padres; tus conflictos con ellos permearán muchas áreas de tu vida, incluso en la adultez. 

Comienza el proceso hoy mismo.


Por Bertha Vasconcelos



La ambivalencia del vínculo filial

Es común que nuestros padres nos despierten emociones ambivalentes. Pueden inspirarnos profundos sentimientos de amor, pero también emociones intensas como el enojo o el resentimiento; por lo tanto, puede aparecer también la culpa. No es fácil tratar con ellos cuando sentimos que nos están controlando o manipulando, porque esas conductas nos desagradan enormemente, como es natural. Es ahí donde entramos en esa ambivalencia: del padre o madre ideal al padre o madre “satanizado”. Sentimos que nos elevan o nos hunden con la facilidad de una sola palabra. ¡Ah, esa relación con los padres, tan llena de contradicciones y rarezas!

El momento de crecer

Para sanar la relación con ellos es preciso dedicarle tiempo y poseer una verdadera motivación. Algún día nos llega a todos el momento de hacerlo, cuando estamos listos para crecer, dejar de ser infantes y convertirnos en adultos. Esto puede llegar a los 30, 40, 50, 60 años o jamás… Lo que sí puedo asegurarles es que, para vivir una vida plena y feliz, sanar esta relación es más valioso de lo que imaginamos.

Validar nuestras emociones

Podemos empezar por reconocer honestamente los sentimientos que nos inspiran, incluida la impaciencia o la rabia cuando hacen ciertas cosas que nos sacan de quicio. Una vez reconocidas esas emociones, es importante validarlas. Somos seres humanos; por supuesto que nos enojamos con nuestros seres queridos, incluyendo a nuestros padres, aun cuando sean mayores.

El derecho a sentir sin juzgarse

Pero aquí es justo donde comienza el problema, porque creemos que no debemos enojarnos con ellos, como una prohibición que se castiga duramente. Necesitamos cambiar ese paradigma absurdo que enferma el alma. Pero cuando digo reconocer el enojo, no estoy diciendo que vayas a gritarle a tu madre y decirle todas las cosas horribles que te ha hecho. Me refiero al hecho de reconocerlo internamente, poder decirse a sí mismo: “Estoy enojado con papá” o “¡Estoy furiosa porque mamá me dijo que no hable con extraños enfrente de ellos a mis 45 años!”. Si crees que esto le hace daño a tu mamá o a ti, es todo lo contrario: es lo más saludable que puedes hacer. Date el permiso de admitir tus emociones negativas. Puedes comenzar con un: “Es natural o tengo derecho a sentirme enojado con papá”.

Romper el ciclo: Enojo, Culpa y Sabotaje

Lo más importante de admitir tus emociones de rabia o frustración es que necesitas impedir sentirte culpable por ello. ¿Por qué? Debido a que aprendimos a no enojarnos con ellos y, al sentir enojo como el ser humano que eres, lo más probable es que te sientas culpable y te sabotees. Este proceso (Enojo-Culpa-Sabotaje) puede suceder en fracciones de segundo. Así que, una vez que validamos el enojo, es necesario agregar: “No me voy a sentir culpable por enojarme con mamá”. Esto automáticamente impedirá que te sabotees. Cuando hablo de autosabotaje me refiero a conductas como perder algo, no avanzar en tu carrera, posponer tus sueños o, inclusive, podrías llegar a deprimirte si guardas el enojo y el resentimiento por demasiado tiempo.



Aceptar la realidad de nuestros padres

El siguiente paso es aceptar que mamá y papá no van a cambiar; que así fueron, son y serán. Es preciso dejar de idealizarlos y esperar algo que no llegará. Aquí comienza nuestro crecimiento: cuando dejamos la idea infantil de que mamá y papá son perfectos e ideales. La realidad es que nuestros padres tampoco fueron amados de forma incondicional por sus propios padres, y también crecieron con carencias afectivas. El amor humano es imperfecto; la humanidad está aprendiendo a amar y a controlar sus conductas disfuncionales.

El análisis de los valores heredados

Ahora que ya reconociste honestamente tus sentimientos y aceptaste que son como son, podrías identificar aquellos valores que te inculcaron: con cuáles deseas quedarte y con cuáles no. Al realizar mi propio análisis, me di cuenta de que aquellos valores de mis padres que considero positivos se expandieron de tal manera que pude ver en mí lo que ellos habían visualizado para mi éxito. Pero también me di cuenta de que introyecté sus propias fallas. Padres perfeccionistas crían hijos perfeccionistas. Por un lado, desarrollarán responsabilidad; pero por otro, una autoexigencia tal que les impedirá luchar por sus sueños. Recuerdo lo feliz que fui cuando me percaté de mi propio perfeccionismo y comencé a liberarme de su tiránico yugo.

Estrategias para el presente

También funciona no "engancharse"; es decir, no responder automáticamente ante las conductas de control o sarcasmos. Toma tu tiempo antes de responder: respira profundamente inhalando en 4 tiempos y exhalando en 6 tiempos.

Para sanar esta relación primordial es necesario conocerse para poder aceptarse —construir una autoestima fuerte— y así revalorar lo que realmente deseamos para nosotros mismos, que no es necesariamente lo que ellos quieren, aunque haya temas que valga la pena conservar y agradecer.



Un camino hacia la plenitud

El proceso para sanar la relación con los padres es arduo; sin embargo, estas ideas representan un buen comienzo. Te deseo éxito en la inevitable tarea de sanar este vínculo si hemos de buscar una vida plena y un crecimiento integral. Aprovecha si aún viven. Te aseguro que sí se puede, aunque parezca difícil al principio

 

Comentarios