13 de marzo de 2025

EL CAMBIO REQUERIDO PRIMERO ES INTERNO

Por Bertha Vasconcelos





Todas las personas desean gozar de bienestar y en ocasiones renovar su vida, sin embargo, para poder disfrutar de ello es imprescindible cambiar algo de nosotros mismos en lugar de esperar que los demás o las cosas externas cambien. Además, es necesario vaciarse de lo inútil e inservible para poder recibir lo nuevo. Por ejemplo, podríamos desechar nuestro apego a lo material, al dinero y al pesimismo, así como nuestra intolerancia hacia los demás o el aceptar maltrato de cualquier tipo. Significa soltar el afán compulsivo de ser perfeccionistas con el que continuamente nos torturamos a nosotros mismos y ofendemos a los demás. O, tal vez deshacernos de los viejos resentimientos que nos corroen y de los amargos recuerdos que nos atan a un pasado tortuoso. De nada nos sirve ya la compulsión de controlar, es decir, desear cambiar a los demás, esperar que sean diferentes y que se comporten o nos traten como nosotros deseamos. Quizá podamos desprendernos del egoísmo, de la frialdad o la amargura. Es imposible siquiera el imaginar vivir cosas nuevas si nos negamos a eliminar lo que resulta obsoleto. No podemos seguir siendo los mismos y vivir la vida de la misma manera si deseamos una vida diferente; persistir en esa idea nos impedirá alcanzar la anhelada realidad.  

Si reconocemos que todas las personas poseen sabiduría, que tienen derecho a equivocarse por que son tan humanos como nosotros mismos, comenzamos a aceptar que su verdad también es válida y expulsamos la soberbia de sentirnos mejor que los otros o creer saber lo que es mejor para ellos. Si lo analizamos bien, nadie es mejor que otro, por que todos estamos aquí para aprender diferentes cosas, por eso tu vida y la forma de vivirla es distinta a la de todos los demás seres humanos. Cada uno de nosotros vino a vivir una experiencia única y propia, por eso no podemos juzgar ni criticar a nadie por que no conocemos su historia personal (aunque arrogantemente pensemos que si).

Si logramos cambiar cómo vemos y qué vemos en el mundo y en las personas que nos rodean, nuestra realidad cambiaría. Así que, si elegimos describir al mundo, a nuestra pareja o a nuestros padres en términos más positivos, creamos nuestra realidad más acorde a lo que elegimos ver. Los seres humanos buscamos darle sentido a nuestras vidas a través de las historias culturales que hemos escuchado o las historias  que nos contamos a nosotros mismos. Nuestras propias experiencias cobran sentido cuando tejemos una historia que nos permita llegar a una congruencia de nosotros mismos y del mundo en el que vivimos. Recordemos que el contexto cultural y social donde crecimos o vivimos moldea nuestra forma de pensar. Tom Andersen escribió: “Cada evento recordado es una historia, ya sea personal, contada o escuchada. Nos decimos historias de la vida, y vivimos de acuerdo a esas historias… así es la vida humana.”

También valdría la pena buscar las creencias irracionales que crean y mantienen nuestros problemas o nuestras conductas problemáticas, así como el cuestionarnos de dónde vienen y qué procesos sociales o culturales entraron en juego para tener precisamente esas creencias y no otras. Según Albert Ellis, las creencias irracionales se originan cuando nuestros deseos y preferencias se intensifican al grado de convertirse en demandas o exigencias, es decir, que en lugar de desear algo, pensamos que debemos tenerlo. Nuestras creencias producen pensamientos, que a su vez derivan en emociones, positivas o negativas. Cuando cambiamos las interpretaciones  que damos a las cosas, iniciamos el proceso de cambio. Por ejemplo, si una persona que amamos olvida nuestro cumpleaños, no es el olvido en sí mismo sino las creencias que tenemos acerca de ese olvido lo que nos hace sentir enojados o deprimidos. Para que una experiencia deje de repetirse una y otra vez, es necesario cambiar el significado o la interpretación que hacemos de la misma. En alguna ocasión escuché una frase que me pareció muy atinada: “Yo cambio y todo cambia.” Es tiempo de que soltemos la necedad que lo demás es lo que debe cambiar para que seamos felices.  

Es necesario transformar las relaciones que nos lanzan a revivir una y otra vez los viejos patrones de conducta, como decir si cuando deseamos decir no, o aceptar versiones de otros que aniquilan al verdadero ser junto con sus talentos. Tenemos el poder de crear la vida que deseamos en nuestras manos. Recuperemos nuestra autoeficacia, entendida como la capacidad de ejercer control sobre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, para aprender de los demás, para planear estrategias, para regular nuestro comportamiento y ser partícipes de la autorreflexión. La autoeficacia permite que cambiemos nuestra conducta.   


A fin de crear una nueva realidad, necesitamos cambiar la historia que nos hemos contado y la que nos hemos creído de nosotros mismos, de los demás y de la vida. La verdad no existe independientemente de la mente humana, y aunque el mundo está ahí, lo que construye nuestra realidad son todas aquellas descripciones e interpretaciones que hacemos los seres humanos de nuestro mundo, las cuales emergen continuamente de nuestras interacciones con otras personas. Es así como podremos moldear y cambiar la sociedad a la cual pertenecemos.

Para aprovechar las oportunidades, es indispensable cambiar nuestra percepción de los demás y de nosotros mismos. Para terminar, les dejo unas preguntas para reflexionar en aquellos momentos durante los cuales sueñan y establecen sus objetivos: ¿Me veo como un ser talentoso y capaz? ¿Reconozco que tengo el poder de cambiar mi vida sin desear cambiar a los demás? ¿Soy capaz de ver el potencial y talentos de los demás, sin disminuirlos? ¿Qué necesito cambiar en mi mismo? ¿Puedo ser más tolerante, paciente o respetuoso con los demás? ¿Estoy listo para cambiar mi realidad y mi mundo? ¿Comprendo que para que mi realidad cambie necesito cambiar yo primero? ¿He perdonado a todos y a mi mismo? ¿Me amo y amo a los seres humanos, aunque ellos no me amen?

¡Deseo que te atrevas a crear la vida que deseas y mereces gozar!

8 de marzo de 2025

8 DE MARZO: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER




En honor y recordando a todas las mujeres valientes 

que han caminado antes que nosotras 

para que gocemos de derechos y mayor libertad.



 

A todas las mujeres que luchan día a día 

para hacer de este un mundo mejor. 

 

A todas las mujeres que se atreven 

a perseguir sus sueños aunque les lleve peldaño a peldaño.



El primer antecedente de este día sucedió el 

8 de marzo de 1857, cuando 40,000 trabajadoras 

de la industria textil de Nueva York salieron a las calles 

en protesta por las condiciones inhumanas de trabajo. 

Las protestas terminaron con la intervención violenta 

de la policía contra las manifestantes. 

La represión fue brutal y 120 mujeres murieron 

como consecuencia de la brutalidad policial. 


¡Feliz Día a todas las mujeres en el mundo de todas las edades, razas y culturas!

 Con mi deseo por la realización de todos sus sueños

 

Bertha Vasconcelos



20 de febrero de 2025

¿POR QUÉ JUZGAMOS?


Crees que le haces un bien a la persona. Eres crítico* y exigente con los demás. Crees que ese es el papel que se espera de ti. Crees que es normal evaluar al otro. Te sientes con el derecho de acusar a alguien que hace algo “mal” (según tu criterio).

*Cuando escribo la palabra crítico no me refiero al pensamiento crítico. Hay personas que se escudan tras este último a fin de criticar y juzgar a otros. No se confunda ser crítico con pensamiento crítico, son conceptos diferentes. 

En este artículo analizaré de dónde viene el que las personas critiquemos, lo cual impide que disfrutemos plenamente nuestras relaciones y la vida en general, como lo hacen otras personas que poseen una visión y actitud más flexible ante la vida y hacia sí mismos.

Los seres humanos reaccionamos ante eventos que consideramos estresantes o “incorrectos” de diversas maneras, como el decirles a las personas qué hagan, qué digan, cómo deben pensar y sentir como si esto fuera lo normal. Nos sentimos con el derecho de evaluar la vida o el comportamiento de otra persona. Tal pareciera que sabemos mejor que el otro lo que le conviene más. En condiciones más naturales, aceptaríamos la manifestación creativa de todas las personas con asombro y deleite, tal como lo hace un niño. Entonces, ¿que nos sucede internamente que nos impide abrazar las cualidades y despliegue de talentos de los demás?

Cuando una persona tiene baja autoestima, es rígida consigo misma y con los demás, por lo que alberga dentro de sí una actitud perfeccionista ante la vida y el pequeño mundo en el cual se desenvuelve. Se ha formado expectativas de un mundo ideal que no existe, con altas exigencias para sí misma y para los demás, poco realistas o inalcanzables. Cuando una persona no se acepta incondicionalmente a sí misma no puede aceptar a los demás de manera incondicional, y primero verá sus defectos o errores, buscando “las oportunidades de mejora,” que en su juicio, tiene derecho a señalar o pensar. Se coloca en un lugar desde donde critica a los demás. Se ubica en una posición superior para defenderse o protegerse, cuando las relaciones interpersonales sanas se basan en la igualdad. 

Lo más importante de esto, además de no ayudar a las personas a las cuales “desea hacer un bien,” es que se está enjuiciando a sí misma. ¿Por qué? Todos los seres humanos tenemos una sombra, que no podemos ver en nosotros mismos, pero que nos damos cuenta de su existencia cuando nos sorprendemos por algo que hicimos o dijimos. En la sombra viven todas aquellas conductas, emociones, rasgos o pensamientos reprimidos que consideramos negativos, y por lo no aceptamos fácilmente como parte de nosotros mismos. Cuando una persona rechaza algo en los demás, se debe a que ésta lo posee, pero que difícilmente reconoce en sí misma. No es tanto que no quiera verlo, es que no puede, porque es muy difícil reconocerlo como propio.

Controlar, criticar y enjuiciar a los demás son conductas que corresponden a heridas profundas que hacen que las personas enfrenten el estrés o las crisis de una manera irracional, en lugar de afrontar las situaciones problemáticas desde el centro de su ser con amor, gratitud y creatividad. Los graves problemas de violencia que estamos viviendo como humanidad no son más que el reflejo de esa sombra que todos llevamos dentro, desprovista de amor y gratitud. Cuando logremos ver a todos los seres humanos (incluyéndonos) con sus talentos y sufrimientos podríamos cambiar este mundo a un nivel más profundo, porque el aceptarnos a nosotros mismos provoca de manera automática la aceptación de los demás seres humanos. Hasta entonces no terminará la envidia, competencia y lucha de poderes, así como todas las enfermedades, delitos y excesos provocados por ellos. Hasta entonces tendremos paz.

¿Por qué te es tan difícil decirle a alguien: ¡Excelente!? ¿Por qué esperas más de él/ella? ¿Será por qué no eres capaz de decírtelo a ti mismo? ¿Tal vez nunca fue suficiente lo que hacías para tus padres y por eso tampoco es suficiente para ti?

Cuando una persona trabaja en su perfeccionismo y la aceptación incondicional de sí misma, eleva su autoestima y hasta entonces cambiará la forma en que se relaciona con los demás y consigo mismo. Será más flexible y apreciará mejor lo que la vida le da, así como disfrutará más de sus relaciones interpersonales, su trabajo, etc. Podrá admirar con facilidad las cualidades y talentos de los demás sin sentir envidia o inferioridad.

Para mejorar la relación consigo mismo y con los demás es imprescindible dejar de enjuiciar y criticarse a sí mismo, y con ello la crítica hacia los demás cederá. La próxima ocasión que sientas el impulso de juzgar o evaluar a alguien, piénsalo bien, y mejor mira hacia dentro. Por ejemplo, cuando te dices: “¿Que le pasa a mi mamá...?” “¿Por qué hizo esto….?” O “¿Por qué no hizo esto…?,” estás juzgando. Entonces, puedes cambiar tu diálogo interno y decirte: “¿Acaso yo actuaría mejor que ella en su circunstancia? ¿Yo soy tan maravilloso y él/ella no lo es?” En realidad, las personas hacemos lo mejor que podemos en nuestras circunstancias, con los recursos y capacidades que contamos en ese momento. ¿Por qué entonces juzgarnos a nosotros mismos o juzgar a los demás?

Cuando logres aceptarte a ti mismo, lograrás aceptar a los demás y tu ser crítico disminuirá. Hay un dicho muy cierto: “Si no tienes algo positivo qué decir mejor no abras la boca.” Si los seres humanos tratáramos de ver lo positivo y no solamente lo negativo, tendríamos una visión más optimista y entusiasta de la vida que repercutiría en una sociedad más sana. ¿Podrías intentarlo?

Imagen: For de Kron de Leonora Carrington

COMO ACEPTARSE COMPLETAMENTE

Por Bertha Vasconcelos


Cuando hablo de aceptación a uno mismo, me refiero a aceptarse incondicionalmente, y cuando no lo hacemos, el ver nuestras fallas y áreas de oportunidad se hace recurrente. Regresan y regresan hasta que los incorporaremos como nuestro, todo aquello que nos disgusta de nosotros mismos.

Eso quiere decir, que mientras más rechacemos o nos peleemos con eso que nos desagrada (incluyendo enfermedades, padecimientos y/o limitaciones), más presente estará en nuestras vidas. Cuando aprendemos a aceptarnos, no hay juicios, porque nosotros mismos somos quienes les damos el significado de positivo o negativo a nuestros atributos, conductas o aspectos de personalidad. Desgraciadamente lo hacemos con todo: “Es horrible” “Lo que me sucede es terrible” “Lo que hago es espantoso.” Nosotros mismos nos juzgamos más severamente que los demás harían.

Si nos pusiéramos a reflexionar detenidamente acerca de la aparente dualidad que percibimos, nos daríamos cuenta que lo que podría parecer opuesto es simplemente componente de una sola unidad. Por ejemplo, el día y la noche son partes de lo mismo, que es el movimiento que realiza la Tierra alrededor de su propio eje. Así como el frío y lo caliente son partes de un continuo de temperatura, tanto nuestros talentos como nuestros “defectos” son parte de un solo ser que somos nosotros mismos. No hay separación. La fragmentación en pedazos que hacemos de nosotros mismos solamente nos conduce a la confusión y a perder conciencia de la totalidad de nuestro ser (David Bohm). Somos uno, con aciertos y errores, talentos y fallas, logros y fracasos. Somos nosotros mismos quienes adjudicamos la connotación negativa a lo que aprendimos a catalogar como fracaso, error, falla o defecto. Olvidamos que somos humanos y que el cerebro aprende por ensayo y error (Tony Buzan) Cuando nos fragmentamos detenemos nuestro crecimiento.

El enfrentarnos a nuestra propia “obscuridad” nos atemoriza y llena de desesperación. Somos nosotros los que lo catalogamos como “obscuro” en un sentido peyorativo y devaluado. Si ves obscuridad y poca luz, si eres positivo o negativo, optimista o pesimista, eso tendrás, porque dependerá de dónde pones tu atención. ¿Te enfocas en tus talentos o en tus limitaciones? Mientras más atención pones a tus fortalezas éstas brillarán con mayor fuerza sin que por ello desprecies lo que consideras - o los demás consideran - como tus áreas de oportunidad. Por ello, rechazar lo que te disgusta de ti, te lleva irremediablemente a odiarte porque también descalificas tus capacidades, aciertos y virtudes, lo cual te distancia de la aceptación incondicional. ¿Y en dónde quedaría tu sentimiento de valía personal? Conocernos nos hace crecer, aceptarnos nos hace sentirnos valiosos y merecedores de ser felices.

Aprendimos a ocultar o reprimir los aspectos que no aceptamos de nosotros mismos porque fuimos víctimas de castigo, reprimendas o ataques mientras crecíamos. Y entonces creemos que es horrible, o nos odiamos por ser o hacer algo que creemos no corresponde al ideal. El perfeccionismo es la fórmula infalible para odiarnos a nosotros mismos porque no cumplimos con el “modelo ideal” de lo que “deberíamos” ser o hacer. Los deberías, ya dijimos en otro artículo, son verdugos que nos tiranizan y “satanizan” a los demás.

Eres tú mismo quien se rechaza al repudiar lo que consideras vergonzoso de ti, y con ello totalizas al ser que eres. Recriminarte por algo que hiciste impide que te aceptes totalmente. Cuando te aceptes, te podrás perdonar por lo que consideras un “error imperdonable.” Cuando te aceptes tal cual, las personas te aceptarán así como eres y tus relaciones se harán más profundas y honestas porque no te dará vergüenza mostrar tu vulnerabilidad. Es como decirle al mundo: “Mira, éste/ésta soy yo.” Y lo mejor sería añadir: …“y me acepto completamente tal como soy.” ¿Te imaginas que sentirías si de verdad te lo creyeras?

Las creencias que hemos ido adoptando acerca de la vida, de nuestras conductas y aspectos de personalidad son las que nos hacen sentir mal y despreciar lo que consideramos “feo.” Por supuesto que esta creencia nos hace juzgar también a los demás. Aceptar cada una de las facetas de nuestro ser, por más “horrorosas” que creamos que son, nos integra en un solo ser. No son “horrorosas”, son como son, simplemente son. La totalidad de nuestro ser está compuesto de todo ello que tu eres. ¿Podrías ser neutral y aceptarte tal cual?

Nos asusta, duele o enoja (“horroriza”) también ver la obscuridad de los demás, incluyendo padres, madres, hijos, hijas o parejas. Nunca me cansaré de repetir la frase de Albert Ellis: “La vida no es horrible, es como es.” Y yo agregaría: “No hay nada tuyo por lo que tengas que sentir vergüenza, eres como eres.” Acéptate aunque los demás no te acepten. ¿Podrías de una vez por todas dejar de pensar que algo en ti está mal, como si estuvieses defectuoso o incompleto y hubiese algo que arreglar? ¿Sería posible que cambiaras tus creencias y recordaras que eres un ser maravilloso, que posees talentos que te hacen único, que estás aquí por una razón y que tu vida tiene un propósito?

¿Qué estás haciendo hoy para aceptarte tal cual? ¿Ya te perdonaste? ¿No sería maravilloso y liberador que te aceptaras completamente?



18 de febrero de 2025

¿QUÉ SIGNIFICA QUERERSE A SÍ MISMO?

Por Bertha Vasconcelos

El Lago del Amor. Brujas, Bélgica
A veces constatamos que
el proceso de aceptación de uno mismo
está bloqueado y no sabemos por qué
Nathaniel Branden

“Quererse” es una forma coloquial de denominar a la autoestima, que según Nathaniel Branden (padre de la psicología de la autoestima), es la suma de la confianza y respeto por uno mismo. Afirma que cuando una persona se convence de que es digna de ser feliz, desarrolla su autoestima. Así una mejor autoestima señala una mayor capacidad para enfrentar las adversidades, mayor flexibilidad y resistencia a las presiones, significa mejores relaciones y salud, así como más alegría de vivir y mayor benevolencia con los demás.

El nivel de la autoestima de una persona influye directamente en su comportamiento, desde la forma de relacionarse con los demás hasta su efectividad para alcanzar objetivos. Las decisiones se toman en función de la imagen que se tenga de sí mismo, por lo que la autoestima influye directamente, por ejemplo, en la elección de un empleo o una pareja. Por otro lado, el bienestar producido por la seudoestima, llámese así a una autoestima “inflada”, sentirse superior o ser narcisista, es inestable, temporal y endeble.

Los estados de ánimo se relacionan con la autoestima, debido a la forma en que percibimos los eventos que nos suceden. Una autoestima baja distorsiona el pensamiento lo que hace a la persona que sea más susceptible de caer en estados emocionales de depresión, ansiedad, miedo, vergüenza, culpa o ira.

La autoestima es en sí nuestro valor intrínseco como persona y no depende de nada externo. Sin embargo, nuestra cultura actual nos ha hecho creer que el éxito/bienestar emocional dependerá de nuestros logros, economía, posesiones materiales, atributos físicos, relaciones, prestigio, estatus, títulos, acerbo cultural, etc., por lo que cuando no los tenemos o los perdemos, podríamos sentirnos desolados, deprimidos o frustrados. 

Estas son creencias muy arraigadas y afectan profundamente los estados emocionales, principalmente de las niñas y mujeres por ser éstas más vulnerables a la opinión y aprobación ajenas. Actualmente los desórdenes alimenticios, la baja autoestima y la depresión son los problemas mentales más comunes en las niñas. El 59% de las niñas entre 10 y 18 años están insatisfechas con su cuerpo. El 20–40% de las niñas comienzan dietas a los 10 años, y a los 15 años, las chicas se deprimen más que los chicos. También se ha encontrado que solamente el 1% de las mujeres mexicanas se ve a sí misma atractiva y el 23% cambiaría el 25% de su cuerpo. Eso quiere decir que el 75% de las mujeres mexicanas están insatisfechas con su genética.

No importa cómo haya sido nuestra infancia o adolescencia, de adultos nuestra autoestima está en nuestras manos. Según Nathaniel Branden, la raíz de la necesidad de autoestima es biológica, por que se refiere a la supervivencia y a seguir operando en el mundo con eficacia. Actualmente existen técnicas y herramientas efectivas para mejorar la autoestima a nivel profundo y duradero. Fortalecer la autoestima es un proceso continuo y dinámico, y es más fácil de lo que imaginamos cuando nos proponemos lograrlo.

Imagen: Cortesía de Norma G V

15 de febrero de 2025

¿CÓMO ENFRENTAS TUS PROBLEMAS?


Por Bertha Vasconcelos

Las personas usamos diferentes formas para lidiar con las dificultades y problemas que la vida nos presenta. El saber enfrentar la situación de la manera adecuada favorecerá relaciones saludables con los demás, así como una sensación de paz interna y bienestar emocional.

Para saber qué estilos de afrontamiento utilizas ante ciertas situaciones, observa primero a los demás. ¿Te das cuenta cuando alguien te evade? ¿Te miente? ¿Habla a tus espaldas? Identifica a las personas que evaden sus sentimientos o el compromiso.

Parecería que hoy en día la manera predilecta de enfrentar una situación problemática es evitar. Hacemos un compromiso, y si cambiamos de parecer, evitamos a la persona, no le llamamos o la ignoramos. Por ejemplo, las personas que nos deben dinero y se esconden cuando es tiempo de pagar sus deudas, obviamente están utilizando un estilo de evitación que a la larga les traerá graves problemas al perder la relación, así como perjudicarán su reputación. No se dan cuenta que los problemas se acumularán y llegará un momento en que la presión será insoportable. Más adelante, no solamente tendrán que enfrentar las consecuencias de sus actos, teniendo que pagar, reconstruir relaciones o reparar su reputación, sino que se encontrarán solos, abandonados y exhaustos por la energía que utilizan para tratar de evitar lo inevitable. Tarde o temprano todo se les regresará como un bumerán.

Las personas que evitan el hablar asertivamente con las personas que aman o que abusan de ellas para resolver conflictos humanos, acabarán deprimidas, amargadas y sin esperanza. Poner pretextos para no hacer lo que se necesita hacer, trabajar en sí mismo o no ir a algún evento que beneficiará a una persona, es evitar. Usualmente las personas evaden situaciones que perciben como amenazantes por que les exigiría un cambio en actitud, conducta o pensamiento, y no desean cambiar por que el cambio les intimida. Es mejor quedarse como están.

Desgraciadamente las personas evitativas, se crean círculos viciosos de los cuales se les hará muy difícil salir, y en muchos casos, ya no podrán salir de ellos. Viven dramas creados por ellos mismos que exageran ante los ojos de los demás. Se convierten en víctimas, y el sentirse víctima impide que se comprometan para resolver su propia vida.

Por ejemplo, si una persona tiende a evitar enfrentar sus problemas emocionales, irá por la vida sin lograr sus metas afectivas, evitando la intimidad y el compromiso. Las profundidades de la psique les dan miedo. Para estas personas sería tanto como internarse en la selva sin saber a donde puede conducir. El enfrentar las emociones es demasiado. El sentir la angustia o el dolor son atemorizantes, por lo que se prefiere no sentir y sucumbir a vivir muerto, sin sentir verdaderamente. Por que el que evita sentir dolor, no se da cuenta que tampoco podrá sentir alegría ni amor en su máxima expresión.

Mejor vivir dormido que despierto. Mejor soñar que vivir. Mejor mantenerse a raya para no sufrir mientras que el dolor se acumula en el pecho, hasta que la enfermedad y la muerte sobrevengan. El terror obliga a evitar.

Se ha encontrado que las personas pesimistas tienden a evitar situaciones en que sería más apropiado resolver, comunicarse asertivamente o simplemente decir no. Mucho talento se desperdicia por el miedo a enfrentar. Creatividad valiosa y hermosas obras encuentran su muerte por evadir la vida.

Una vida sana implica orientar la conducta a hacer lo que se tiene que hacer sin posponerlo. A lograr las metas y sueño, y elegir acertadamente lo que hay que hacer para alcanzarlas sin demorarse. Buscar apoyo en las personas en lugar de aislarse. El que no teme a la vida, busca soluciones. Se encontró que las personas optimistas eso hacen. No posponen, no se demoran, no se aíslan, no evaden.

Enfrenta, habla, negocia, forma una red de personas que te apoyen, soluciona, toma decisiones, no pospongas demasiado la resolución de las situaciones, siente, vive.

Derechos Reservados © Bertha García Vasconcelos. Puedes compartir este artículo siempre y cuando menciones a la autora.
Imagen: Zona Arqueológica Muyil en Quintana Roo

EL MIEDO

Por Bertha Vasconcelos


Nada limita más el potencial de las personas que el miedo. Cuántas personas talentosas que conocemos no alcanzan altas cimas o no consiguen sus sueños simplemente por miedo. No porque les falte inteligencia, talentos, preparación o experiencia, sino por vil y llano miedo. Es como si algo dentro de ellas mismas les impidiera ser más creativas, ya sea para alcanzar sus metas, para promoverse o para difundir sus productos/servicios. En ocasiones, podríamos afirmar que una inútil humildad o una absurda timidez las detiene, y no se lanzan hacia sus sueños, quedándose limitadas.

El temor es una emoción natural como todas las demás. Es racional porque cumple con un objetivo, el de alertarnos de un posible peligro. Y también sigue un continuo. De temor se convierte en miedo, después en ansiedad, angustia, y por último, en pánico y fobia. El miedo puede llegar a paralizarnos y entonces será más difícil salir del atolladero. Pero, ¿sabemos manejarlo?

Para manejar el miedo, antes que nada es preciso identificar si lo que nos detiene para lograr nuestros sueños es miedo o es otra emoción, como culpa, vergüenza o ira. Después, habrá que investigar más, ¿a qué o quién le tenemos miedo? Aceptémoslo y completemos la siguiente oración: “Tengo miedo …” Después analiza si tus miedos son infundados, subjetivos o realistas. ¿Qué probabilidades existen que suceda eso “horrible que podría pasar”? ¿Estás adivinando el futuro o leyendo la mente de alguien? ¿Estás catastrofizando? Piénsalo bien. Podemos inferir que algo podría suceder, pero hasta no enfrentarlo no podemos asegurarlo. Tampoco podemos adivinar con certeza lo que una persona piensa, siente o responderá.